viernes, 9 de marzo de 2018

"El daño fue injusto y evitable" (Xabier Gurrutxaga)

"El daño fue injusto y además se pudo evitar. La mejor manera de solidarizarse con las víctimas, la más sincera y efectiva es reconocerles que nunca debió ocurrir"


 Hoy no es el momento más idóneo para que EH Bildu y especialmente Sortu reflexionen sobre las graves servidumbres que tienen para, de una vez, adoptar la decisión que la sociedad vasca les exige sobre la violencia practicada por ETA y el injusto daño causado. El hecho doloroso de la muerte, al parecer por suicidio, del preso Xabier Rey en la cárcel de Puerto de Santa María les dificulta abordar con la debida serenidad esta reflexión autocrítica. Pero al día siguiente, la necesidad volverá a aparecer como inexorable e inevitable. 

El drama es que la izquierda abertzale y ETA no tienen nada para justificar ni legitimar ética y políticamente el daño causado. Porque la violencia, la lucha armada de intencionalidad política, solo tiene explicación en términos de justificación y legitimación en situaciones en las que todas las vías de acción política, pacífica y democrática, absolutamente todas, están prohibidas y cerradas y el recurso a la violencia se presenta como la ‘última ratio’; es decir, como pura defensa propia. Y también en ese supuesto, en esa situación tan excepcional, la respuesta violenta sería la peor de entre las respuestas posibles en términos éticos y políticos.

El recurso a la violencia como instrumento esencial de la lucha política nunca fue entre nosotros algo inevitable, que escapara a la voluntad y a la decisión de quienes decidieron adoptarla, practicarla y también apoyarla y justificarla. Y como cualquier otra decisión humana debe ser sometida al juicio ético, político y social. El juicio histórico, tomada toda la vida de ETA en su conjunto, difícilmente nos puede llevar a una conclusión distinta a considerar que fue un grave error convertir ETA en una organización armada. El error se convierte especialmente imperdonable, sin la legitimación que le podía conceder el contexto de la lucha contra la dictadura franquista, cuando erre que erre se decide, en el inicio del periodo democrático y la aprobación del Estatuto, continuar con la violencia hasta convertir la lucha armada en un tabú, en un objetivo en sí mismo.

La izquierda abertzale no ha realizado este juicio crítico sobre la violencia de ETA y de su vinculación a la misma. En su examen interno, a lo máximo que ha llegado es a la conclusión de que la violencia a futuro no tiene sentido y, por ello, trabajó para que ETA cesara en la lucha armada. Pero hasta ahora no ha tenido el coraje de enjuiciar la violencia practicada, que la coalición justificó y legitimó. En ese contexto, a lo máximo que ha llegado es a reconocer el daño causado por ETA, pero no a valorarlo en términos éticos, políticos y humanos. Es decir, ha reconocido que ETA causó daños en las personas. Faltaría más. Pero no los enjuicia. 

Sin embargo, cuando se trata de la violencia sufrida bien por los militantes de ETA o de la propia izquierda abertzale a manos de los aparatos del Estado o de la ‘guerra sucia’ auspiciada por éstos, no se limita a constatar el hecho, sino que lo valora, condenándolo y rechazándolo.

Las dificultades que tiene la izquierda abertzale para liberarse de la pesada carga que representa la historia de dolor de ETA y que recientemente se han puesto de manifiesto en los ayuntamientos de Zarautz y Mondragón, así como en su negativa a acudir al acto de mañana organizado por el Gobierno vasco con motivo del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, difícilmente las van a superar evitando agarrar el toro por los cuernos. El daño fue injusto y además se pudo evitar. 

La mejor manera de solidarizarse con las víctimas, la más sincera y efectiva es reconocerles que nunca debió ocurrir. Ese día la izquierda abertzale habrá dado un paso de gigante, que le ayudará a liberarse de esa carga que grava su pasado. 

Publicado en "El Correo"