domingo, 27 de mayo de 2018

"Una tarde en Estremera" (Jordi Évole)

 he ido a visitar a un señor al que hace años que conozco y que sigo pensando que no tendría que estar encerrado en ninguna cárcel.



"Padilla, la 9; Ramos, la 11; Robles, la 8; Junqueras, la 2; Vargas, la 5; Forn, la 1; Romeva, la 3…".

Así cantaba el funcionario de prisiones la cabina que nos tocaba a los visitantes que acudimos a la cárcel de Estremera el pasado sábado por la tarde. Entrando en cualquier cárcel, te das cuenta de que la inmensa mayoría de presos tienen una cosa en común: son pobres. Y una gran mayoría de ellos no recibe nunca ninguna visita, ni ninguna llamada. Eso es lo primero que nos cuenta Oriol Junqueras cuando descuelga el telefonillo blanco a través del que hablamos. Un cristal muy gordo nos separa. Nos damos la mano picando contra el vidrio. Las sillas son de terraza de bar, pero no hay nadie para servirnos una cerveza.

Pasando de prejuicios, estereotipos y rencores

La visita es una cuenta a atrás. Sabemos que tenemos 40 minutos y vamos saltando de tema en tema, sin ningún orden, sin ningún guion. Hablamos de Eugenia, nuestra amiga sevillana que ahora se ha empeñado en hacerle conocer a mujeres catalanas y andaluzas la realidad de aquí y de allí, pasando de prejuicios, de estereotipos, de rencores. Hablamos de su hijo Lluc, y de cómo es capaz de colocarte en un mapamundi de imán todos los países, como si tuviese un padre obsesionado con la geografía y la historia. Hablamos de las playas con cruces, y Junqueras apunta que no le parece el mejor símbolo para hacer una reivindicación, que las cruces le hacen pensar en cementerios, en muerte.

Alucino cuando me cuenta que sigue sin recibir ninguna carta de Puigdemont. Siete meses encerrado y el ex presidente de la Generalitat no ha tenido tiempo de enviarle una carta a su vicepresidente, que está preso en una cárcel española por unas decisiones que, en principio, tomaron de forma conjunta. ¿Qué debió de pasar entre los dos hombres que llevaron a la proclamación unilateral de independencia?

Los 40 minutos se acaban. Los mensajes se aceleran. Compañeros de partido que también han ido a visitarle reciben las últimas consignas. Hablan un idioma propio entre ellos. Yo no me entero de nada. Como mucho, interpreto que Junqueras recomienda que para ejercer un cargo hay que poder pisar el territorio, y que de la moción de Sánchez, cuanto menos hablen, mejor. Debe de ser por eso de que las partidas de ajedrez se juegan en silencio. Pero hoy no he ido a Estremera a buscar información. Solo he ido a visitar a un señor al que hace años que conozco y que sigo pensando que no tendría que estar encerrado en ninguna cárcel.

El tiempo de la visita se agota. Junqueras sigue hablando pero ya no le podemos oír. Es como si se hubiesen acabado las monedas de la cabina. Por la puerta que ha entrado desaparece junto a Joaquim Forn, Raül Romeva, y el resto de presos que hoy tenían visita. La mayoría de ellos son pobres. Y dentro hay muchos otros que seguirán, otro sábado más, sin que nadie venga a verles.  

Miles de personas marchan en Madrid contra la precariedad y la corrupción: "Mariano Corleone, nos robas las pensiones"

Miles de personas se manifestaron este domingo en Madrid para denunciar, según los organizadores, la precariedad en varios ámbitos laborales y sociales y contra la corrupción gubernamental en las "marchas de no + precariedad".

La protesta discurrió desde el Puente de Vallecas hasta la Plaza de Neptuno, donde se leyeron un par de manifiestos: uno en nombre de la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones y del Colectivo de Mujeres Pensionistas por Angela Crespo y otro en nombre de las marchas, leído por Alejandra Tejón y Gloria Aguado.
Angela Crespo denunció las tretas del Gobierno para detener las protestas de los pensionistas con "la miserable subida del 3 por ciento para las prestaciones más bajas" que han recogido en los Presupuestos.
También denunció el oportunismo del PP al retrasar la aplicación del factor de sostenibilidad y criticó a Ciudadanos por reírle las gracias al Ejecutivo.
El manifiesto de las marchas, leído por Tejón y Aguado, incidía en las consecuencias de crisis y las políticas de recortes y austeridad desde hace ya una década, con el empeoramiento de las relaciones laborales y el retroceso de derechos y conquistas sociales.
Además denunciaron la mayor vulnerabilidad de las mujeres y señalaron que la precariedad se ha implantado en varios esferas de la vida e impiden el acceso a la vivienda, a la sanidad, educación digna, servicios públicos de calidad, a la cultura, al deporte y al ocio.
Durante la marcha, a la que se unieron manifestaciones desde otras localidades del este y sur de Madrid, se corearon consignas y discursos contra la corrupción y la necesidad de echar al Gobierno.
"Mariano Corleone, nos robas las pensiones" o "Fuera el partido de la corrupción" fueron algunas de las consignas más repetidas, en las que numerosos colectivos portaban pancartas con sus quejas y peticiones.
Entre ellas había asociaciones de pensionistas, bomberos forestales de Valencia o trabajadores de Coca Cola que siguen reclamando la apertura de la planta de la multinacional en Fuenlabrada (Madrid).

sábado, 26 de mayo de 2018

"Moción y conmoción" (Enric Juliana)

Hay presupuestos y hay moción de censura. Estamos ante un escenario inédito en la política española, cada vez más tumultuosa e imprevisible. La aprobación de los presupuestos generales del Estado del 2018 confería a Mariano Rajoy un plazo de dos años para intentar levantar cabeza. Quizás aún pueda disponer de ellos, pero han surgido serios imprevistos.

Inmediatamente después de la aprobación presupuestaria, el propio presidente anunció que el debate sobre el estado de la nación tendría lugar el próximo mes de junio y que este mismo mes de mayo comenzarían las reuniones para debatir un nuevo sistema de financiación de las comunidades autónomas. El propio Rajoy intentó transmitir el miércoles que la legislatura seguía su curso. Dos años para intentar levantar cabeza –quizá un año y medio- en un momento de fuerte deterioro del Partido Popular en todos los sondeos. El jueves por la mañana se conocía la dura sentencia sobre el caso Gürtel y de inmediato saltaban todas las alarmas. Es una sentencia que apunta directamente al Partido Popular y pone en duda la veracidad del testimonio de Mariano Rajoy en sede judicial. A la tremenda dureza de esta sentencia se le suma la detención e ingreso en prisión de Eduardo Zaplana, esta semana, acusado del cobro de cuantiosos sobornos durante su mandato como presidente de la Generalitat Valenciana. Las dos noticias sumadas han perforado la blindada carrocería del PP y el Partido Socialista ha decidido presentar una moción de censura, la moción que desde hace meses le reclamaba Podemos. Inmerso en una fase de creciente invisibilidad política, el PSOE difícilmente podía quedarse quieto.
La moción ha creado conmoción en la medida que puede prosperar, con el apoyo de Podemos, de los soberanistas catalanes –que en estos momentos no exigen contrapartidas previas- y la mirada expectante del Partido Nacionalista Vasco, que acaba de aprobar los presupuestos de Rajoy con notorias contrapartidas. La moción podría prosperar y el PSOE está obligado a explicar cuáles son sus verdaderos planes. ¿Una moción para qué? ¿Un acto testimonial, o un gobierno de corto periodo con un programa acotado, que no podría obviar la cuestión de Catalunya?. Irritación extrema en el Partido Popular. Conmoción en Ciudadanos, ante un cambio de escenario con el que no contaban. Miradas serias entre aquellos sectores del soberanismo catalán que creen en el “cuanto peor, mejor”. ERCparece predispuesta a apoyar la moción. Carles Puigdemont y su entorno no controlan el grupo del PDECat en el Congreso (ocho parlamentarios), más proclive al pactismo. Situación muy compleja. Moción y conmoción.

Carta abierta de La Garganta Poderosa para la militancia de Podemos

Tal vez ahora, esta crítica introspectiva se pueda traducir en algunas normas necesarias para ese liderazgo



Amigas, aquí unas negras villeras que nunca merecimos volar. Amigos, aquí unos negros de mierda que nunca cobramos un sueldo para pensar. Compas, aquí 79 asambleas del barrio y del barro recién llegadas de Madrid por primera vez, recién aterrizadas sobre un aeropuerto por segunda vez. Nunca antes, en las décadas que tiene la memoria de nuestras villas, ni en los siglos que tiene la historia de nuestras comunidades, habíamos podido pisar el Viejo Continente, por más viejo que pareciera. Y mucho menos, soñar la posibilidad de interpelar al Parlamento, de disertar en televisión, de gritar nuestras verdades en sus universidades. Jamás, jamás, jamás, hubiéramos podido juzgar a Europa desde adentro.

Y ahora, Podemos.
Nosotros no tenemos una casa de 600 mil euros, como esa que ahora escandaliza a los medios de todo el mundo, aunque sus propios accionistas tengan varias en cada ciudad. Nosotras no tenemos esos 600 mil euros que pidió una pareja de jóvenes profesionales para poder adquirir una propiedad, endeudándose a 30 años. Pues no es ninguna novedad que no los tenemos, ni podríamos tenerlos. Por más créditos que pidiéramos, no juntaríamos ese dinero ni vendiendo todas nuestras casillas en todos nuestros asentamientos. Pero aun si milagrosamente sucediera, aun cuando una nube verde azotara el cono sur y regara de dólares nuestros pueblos, aun entonces no podríamos destinarlos a ninguna casa tan costosa, porque seguiríamos teniendo imperiosas prioridades más prioritarias. Otros pueden hacerlo y aducir que sí, “se lo han ganado”, porque a veces el capitalismo deja ganar a los buenos para marearlos un poco, siempre valiéndose de la “meritocracia” y la “legalidad”, como si la Corona fuera fruto de algún mérito o como si resultaran legítimas las legales ganancias de los bancos. No lo son.

A nuestra humilde mirada, los dirigentes populares tienen la obligación de mantener su austeridad para no sacar los pies de la tierra, pero además tienen la obligación de hacer, sin perder su condición humana: de modo que tienen también la obligación de cometer errores. ¿O por qué piensan que pedimos a gritos una mayor participación de los excluidos en las estrategias partidarias que bregan por la emancipación? No es por altruismo, ni mera justicia social, sino por ese canal de formación que dirigen los invisibles, hacia todos los seres humanos sensibles. ¿O para qué sirve la educación popular? No sirve para nada, si no nos deja enseñar. Ahora bien, aquí no estamos hablando de dinero expropiado por los crímenes del franquismo que Iglesias expuso como pocos. Tampoco estamos hablando de cuentas offshore, ni testaferros que operaban para Montero. Sus movimientos financieros estaban ahí, a la vista del planeta, tal como lo plantearon para la lógica sensata del partido, el único que se autoimpuso salarios limitados y la condición de publicar hasta cada peaje facturado a nombre del Estado. Aquí no hubo ilícito, ni ladrón. Ni siquiera hubo una investigación. Hubo, sí, una operación que nadie intentó esconder y que hoy promueve un debate a la interna del campo popular global, convocado por esa misma pareja de compañeros que llamó a revalidar públicamente su legitimidad, como si no hubiera dado pruebas suficientes de transparencia y autenticidad. Tal vez ahora, esta crítica introspectiva se pueda traducir en algunas normas necesarias para ese liderazgo. O quizá se puedan clarificar las ambiciones de unos y otros, para ordenar el destino del fenómeno más genuino que hayamos visto estallar frente al Congreso español. Lo que no se puede, es dividirse.

¡No-se-pue-de!
La ingeniería socioeconómica de Podemos nos permite a nosotros, objetos de tantos análisis sociológicos y sujetos de casi ninguno, pensar por qué pasó lo que pasó, desde afuera. Por qué nos topamos ante una decisión “personal” que no espeja las necesidades de sectores anclados en el pozo ciego del mundo. Y nos parece algo fácil de comprender, salvo para quienes estuvieran esperando hace mucho una oportunidad para no comprenderlo. ¿Realmente alguien creía, en España, que vuestro partido había bajado de la Sierra Maestra o había brotado de las favelas pacificadas? ¿Sinceramente alguien desconocía que semejante indignación de una primera generación empobrecida había detonado una bomba de clase media? ¿Quiénes no sabían que las 67 bancas podemistas estaban ocupadas por jóvenes con importante trayectoria universitaria? ¿No era ésa una revolución suficiente para jaquear al conservadurismo que, enhorabuena, debió tallar en cobre la foto del rastafari ocupando su banca, en las narices de Rajoy? ¿No era ése un paso indispensable para que los villeros pudiéramos llegar a España, ser detenidos por sudacas en el aeropuerto y tener por fin un micrófono para denunciarlo en la Cámara de Diputados? ¿No estábamos en eso, hasta la semana pasada, cuando descubrieron que Iglesias no era un refugiado? ¿No estaban ustedes al tanto de todo esto, cuando descubrieron que Montero no era una ocupa? Hagamos tantas autocríticas como sean necesarias, hasta el fondo, desde la raíz.

Pero ésas que calan hondo,
¡no las que diga El País!
Aquí no hemos conocido, en los 14 años que lleva nuestro movimiento, ningún dirigente europeo más humilde y sensato que Rafa Mayoral, un abogado, sí, un abogado que no necesitó perder su vivienda para ponerse al servicio de los afectados por las hipotecas, con la misma sensibilidad que apareció una tarde caminando por los pasillos de la villa. Toda una delegación de Podemos recorría la Argentina, mientras Iglesias esquivaba los flashes de cuanto paparazzi se lo cruzaba, porque todos querían robarle una foto, un saludo, un segundo de fama. Nosotros no queríamos una foto, queríamos que nos conocieran y entonces vinieron. Vinieron al barrio como nunca vinieron esos paladines de la ética que tienen sus redacciones a 15 minutos de nuestras cloacas tapadas. Y no vinieron para seguir hablando, sino para escuchar. Se llevaron puesto nuestro barro, no para usarlo como marquesina publicitaria, sino para forzar los mecanismos que nos permitieron cruzar el charco, financiados por ese Parlamento Europeo sectario, racista y colonialista. Sin corbata, sin bozal, sin domesticar, aparecimos ahí los nietos de republicanos que sólo conocíamos España por fotos en blanco y negro de nuestros antepasados, pero también las nietas de bolivianos que todavía padecen aquel etnocidio presentado como conquista o descubrimiento de otros, siempre a fuerza de tropa.

Y entonces fuimos nosotros,
los que descubrimos Europa.
Ni el más optimista hubiera imaginado que algún partido español sería capaz de convertir un piso parlamentario en un centro cultural, empapelado con afiches de Santiago Maldonado. Fueron ustedes, quienes nos permitieron hilar nuestras tradiciones de resistencia con los dedos machucados de las costureras que subsisten en Elche, mujeres esclavizadas como sus madres, en las condiciones infrahumanas de una precariedad laboral que las obliga a coser zapatos 12 horas por día, en la más absoluta ilegalidad. Manos mal pagadas por las multinacionales del calzado. Y manos malformadas como sus columnas, por esa enfermedad que los propios médicos catalogan como “el mal de la aparadora”, desprendida de la posición que soportan desde los 11 años hasta los 70, privadas de cualquier contrato y cualquier contacto con el sol. Nos hilaron con los agricultores familiares, los pescadores, los astilleros, las cuidadoras de ancianos. Y nos permitieron zambullirnos en la economía sumergida de aquella Europa siempre rica, para sacar la cabeza en Bruselas y arrancarle la careta a una Comisión de Derechos Humanos que denuncia todos los crímenes cometidos en el universo, ¡menos los europeos!

Ahí mismo, abrimos la Garganta, en las entrañas de Bélgica, para gritar que no pudimos afianzar la libertad de expresión aquí, donde los villeros fuimos presos al hacer noticia por mano propia. Y tampoco pudieron ahí, donde el rapero Valtonyc continúa condenado, por haber “enaltecido al terrorismo”, componiendo una canción contra la Corona. Que no pudimos abolir el racismo aquí, donde no son lugareños los dueños, ni las cervezas, ni los políglotas que atienden los bares turísticos en pueblos originarios, pero sí son lugareños quienes descargan las papas de madrugada. Y tampoco pudieron ahí, en ese mismo Parlamento, donde no son negros quienes pisan su alfombra roja, ni los comensales de sus restaurantes, ni los chefs de sus platos gourmets, pero sí quienes lavan esos platos. Que no pudimos garantizar la igualdad de géneros por aquí, donde hay un femicidio cada 17 horas. Y tampoco pudieron ahí, donde los europarlamentarios gozan de impunidad para soterrar sus repetidos abusos a jóvenes asistentes. Que no pudimos desterrar la xenofobia aquí, donde los paraguayos deben batallar por su derecho constitucional a la salud. Pero tampoco pudieron ahí, donde los hijos de rumanos nacidos en Oviedo no tienen acceso a su identidad, ni a su nacionalidad… Nunca hubiéramos aceptado viajar para pedirles que resolvieran nuestros problemas, puesto que ninguna cultura puede curar a otra: fuimos para denunciar este régimen de la desigualdad, ¡que aquí no ha funcionado ni un poco!

Y ahí tampoco.
Las villas no tenemos Madre Patria, lo tenemos muy claro, tan claro como cuántas Patrias Hermanas necesitamos para liberarnos del silenciamiento global, enganchando una mano de la grieta horizontal que nos vuelve compatriotas de la Patria Baja en cualquier lugar del mundo, a todos aquellos que habitamos por debajo de la línea de la pobreza. Para eso, nos cuidamos a todas y nos necesitamos a todos, tal como aquellas plazas incandescentes necesitaban esos 62 puntos de imagen positiva que la empatía de un joven dirigente le aportó a un proceso incuestionablemente transformador. ¡Y vamos, carajo! España tiene un rey, en serio, ¡un rey tiene! Un sistema judicial negacionista, un presidente neoliberal y miles de genocidas libres. ¿De verdad quieren hacernos creer que nuestro enemigo dirige Podemos? De mínima, aun en la impotencia, aun en la divergencia, por favor no dejen de observar con particular curiosidad cómo esa polémica transacción inmobiliaria desgarra la moral de todas sus élites indignadas, aunque sigan embelesadas con la boda del príncipe Harry que celebraron hasta el amanecer: no van a poder.

Hoy más que nunca, socialistas, humanistas, progresistas, peronistas, comunistas, idealistas, podemistas, los necesitamos poderosos, resguardando y acelerando la estampida de los gritos que aclaman por la vida. Los necesitamos, con ovarios, cojones y contrapuntos, frente a todo lo que viene.
Los necesitamos juntos,
con Pablo y con Irene.

viernes, 25 de mayo de 2018

"Rivera sólo ve españoles, y Rajoy... casos aislados" (Jesús Maraña)

"Rajoy y Rivera o viceversa, ven exactamente lo que quieren ver, y comparten un ojo clínico para seleccionar tesoreros"



La sentencia dictada este jueves por la Audiencia Nacional haría caer a cualquier gobierno en cualquier democracia consolidada y digna de tal nombre. Por primera vez en España, un partido nacional es condenado por haberse beneficiado económicamente de la comisión de graves delitos de corrupción. Ese partido es el PP, y su presidente es quien nombró al tesorero ahora condenado a 33 años de cárcel, el mismo a quien dio ánimos y apoyo expreso incluso después de saber que escondía más de cuarenta millones de euros en Suiza. Mariano Rajoy tendría que dimitir de inmediato (ya que ha despreciado tantas oportunidades de hacerlo) y convocar elecciones anticipadas. Pero Rajoy no ve financiación ilegal del PP, ni sobresueldos, ni dinero negro… Rajoy sólo ve “diez o quince casos aislados”, del mismo modo que Albert Rivera, el hombre que con una mano lo sostiene en el poder mientras con la otra lo empuja a la salida, tampoco ve “trabajadores y empresarios” porque sólo ve “españoles”. Ambos, Rajoy y Rivera o viceversa, ven exactamente lo que quieren ver, y comparten un ojo clínico para seleccionar tesoreros.


La sentencia de la primera temporada de la serie Gürtel (vendrán más y se juzgarán asuntos aún más vergonzantes) establece ya conclusiones suficientes para que dejen al menos de ofender a la inteligencia de los ciudadanos (incluso de los españoles):

1.- El tribunal considera probado que el PP y la trama dirigida por Francisco Correa crearon “un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública central, autonómica y local a través de su estrecha y continua relación con influyentes militantes del partido”. Vamos, lo que viene a ser “un sistema de corrupción”. Nada de casos aislados.

2.- A lo largo de las 1.687 páginas de la sentencia, se describe “un auténtico sistema de defraudación del erario público” en el que Luis Bárcenas y Francisco Correa eran piezas fundamentales, ya que “tenían posibilidades de influir en los procedimientos de toma de decisión en la contratación pública de determinados entes y organismos públicos que dirigían o controlaban directamente a través de terceras personas”. Vamos, lo que viene a ser robar dinero público de forma organizada. Nada de “manzanas podridas” ni “cuatro ranas”.

3.- Queda detalladamente acreditado que las comisiones exigidas a empresarios a cambio de adjudicaciones no sólo iban a parar a los bolsillos de Bárcenas, Correa y compañía “también otras cantidades sirvieron para directamente pagar gastos electorales o similares del Partido Popular…”. Vamos, lo que viene a ser financiación ilegal. Nada de “diez o quince chorizos” que “se nos han colado” en el PP.

4.- Deja establecido la sentencia que no se trata de un latrocinio de carácter aislado en determinados municipios madrileños, porque otras cantidades del dinero exigido a las empresas “… fueron a parar como donaciones finalistas a la llamada ‘caja B’ del partido, consistente en una estructura financiera y contable paralela a la oficial, existente al menos desde el año 1989”. Vamos, lo que viene a ser el manejo de dinero negro en cantidades industriales (asunto de gran calado que queda pendiente de juzgar en la siguiente temporada de esta serie). Nada de “unos cuantos sobres para gastos de representación”.

5.- Se describe también perfectamente en la sentencia el mecanismo de la corrupción, que arranca con la adjudicación de contratos públicos a cambio de comisiones, pero que no acaba ahí: “Mediante el inflado de precios que se cobraban de las distintas administraciones públicas afectadas [los millonarios y constantes sobreprecios], la finalidad buscada era la obtención ilícita de importantes beneficios económicos a costa del erario público, o bien comisiones cuando la adjudicataria eran terceras empresas, que luego se repartían entre el Grupo Correa y las autoridades o cargos públicos electos o designados corruptos, que recibían cantidades de dinero en metálico, pero también mediante otro tipo de servicios o regalos prestados por diferentes empresas de esa trama… de las que en algunos casos se beneficiaron también sus familiares”. Vamos, lo que viene a ser recibir sobornos en metálico o todo tipo de prebendas que incluyen viajes de lujo, celebración de bautizos, bodas y comuniones, joyas o automóviles, del estilo de ese Jaguar del marido de Ana Mato que la exministra de la máxima confianza de Rajoy nunca vio en su garaje. Nada de “cuatro botellas de vino por Navidad”.

6.- Los magistrados firmantes del fallo no se creen el testimonio que en su día prestó Mariano Rajoy en sede judicial. Dudan que sea "verosímil" su versión y la de otros testigos que negaron la contabilidad paralela y el cobro de sobresueldos, que por cierto no sólo existían sino que eran "opacos" a Hacienda. Vamos, lo que viene a ser un varapalo mayúsculo a los ya escasos restos de credibilidad del presidente del PP y del Gobierno. 

Así que más allá de los titulares que hablan de las condenas penales y de las multas que tendrán que pagar los culpables (incluidos el PP y Ana Mato como partícipes a título lucrativo) la importancia medular de esta sentencia es que refleja un sistema organizado de corrupción política, financiación ilegal y enriquecimiento a costa de los recursos públicos que ha funcionado durante casi tres décadas a nivel nacional, autonómico y local en los dominios del Partido Popular. Podrán recurrir al Tribunal Supremo, acogiéndose a algunos argumentos del voto particular del magistrado que ya en su día se negaba a convocar a Mariano Rajoy siquiera como testigo. Pero el cúmulo de datos, documentos, testimonios, pruebas y confesiones ofrece una base firme para las altas penas de cárcel decididas y supone la confirmación del trabajo que hace casi diez años inició el juez Baltasar Garzón (y le costó la carrera) y del que de forma concienzuda y discreta desarrolló el juez Pablo Ruz antes de solicitar una plaza menos sometida a presiones políticas y a los focos mediáticos.

Mariano Rajoy tiene que asumir responsabilidades políticas sobre ese “sistema de corrupción institucional” de una vez por todas, porque además su papel y el de su partido sólo pueden empeorar en sucesivas temporadas de la serie Gürtel. Luis Bárcenas ha demostrado ser el ‘tesorero-bomba’ que no sólo iba cargado de dinero negro y contabilidades paralelas, sino de suficiente información como para volar políticamente la sede de Génova. Ahora pueden entrarle más ganas de cantar que a su hijo en Taburete, al ver a su mujer condenada a 15 años de cárcel. La sentencia, en un párrafo que respira esa “formación de género” tan reclamada, rechaza el argumento de que Rosalía Iglesias no tenía conocimientos para ejecutar las acciones que se le imputan: sería relegarla “a poco más de un simple objeto, y esto no lo debe consentir el Tribunal”. (Este tribunal, porque el del caso Nóos, pese a estar formado por mujeres, no aplicó esa lógica a la infanta Cristina).
 

LOS EFECTOS POLÍTICOS


Rajoy prefiere seguir viendo “casos aislados”, y más aún teniendo ya aprobados unos Presupuestos que dilatan su calendario político hasta el mismo año 2020 en que acaba la legislatura. Si en el PP han sido capaces de dibujar al detenido Eduardo Zaplanacomo una especie de troyano de Ciudadanoscabe esperar cualquier cosa a la hora de marcar distanciascon un Bárcenas que conoce al milímetro las alcantarillas de Aznar (mudo) y las de Rajoy (en modo avión).

Salió de inmediato Albert Rivera diciendo cosas tan sonoras como raras: “Esto [la sentencia] marca un antes y un después en la relación del Gobierno con la oposición” y “trastoca todos los planes de la legislatura”. Daría hasta miedo, o provocaría una hecatombe en las bolsas y en la prima de riesgo si no fuera porque todos sabemos que se trata de puro postureo; que este ‘sorprendido’ Rivera ya le exigió a Rajoy en aquella investidura frustrada de Pedro Sánchez en marzo de 2016 que se fuera, que era “el presidente de la corrupción”. “España no se puede permitir un presidente como usted”, le espetó, incluso pidió al PP que cambiara de candidato porque “jamás” apoyaría Ciudadanos a Rajoy. ¿Por qué? Por “esto”, por la Gürtel, por la financiación ilegal, por la corrupción institucional… Por todo lo que todos sabíamos, incluido Rivera, que nunca vio “casos aislados” y que ahora se lleva las manos a la cabeza porque una sentencia dice que “¡en este casino se juega!”

Rivera pone el grito en el cielo contra Rajoy pocas horas después de haber puesto su voto (junto al PNV) para aprobar unos Presupuestos que garantizan al Gobierno exprimir la legislatura hasta 2020 si le place. El pasado domingo, en el acto con el que Ciudadanos presentaba su macroniana plataforma #EspañaCiudadana, Rivera hizo un discurso que ha provocado la hilaridad en las redes sociales durante días: “Recorriendo España yo no veo trabajadores o empresarios; veo españoles. No veo a jóvenes o mayores, veo españoles…” Sería para reírse si no fuera para llorar. En mi humilde opinión, el varapalo más contundente para Rajoy y el PP esta semana no es la sentencia de la Gürtel (políticamente ya amortizada por escandaloso que nos parezca), sino el informe del mismísimo Banco de España en el que, negro sobre blanco, puede comprobarse que los beneficios de las empresas crecen 16 veces más que los salarios desde 2014. Es el resumen más significativo e indignante de la cacareada ‘recuperación económica’: el dato que refleja en toda su magnitud la profunda desigualdad instalada en España por las políticas aplicadas. Rivera, claro, prefiere no ver “trabajadores o empresarios”, ni jóvenes o pensionistas, sino sólo “españoles” y, si es posible, españoles cegados, exaltados y enfebrecidos por una pulsión nacionalista tuneada de patriotismo. En realidad, si se le aplicara el suero de la verdad, uno imagina a Rivera clamando más bien: “sólo veo votos”.

Para que esta sentencia signifique de verdad “un antes y un después”, tendría que prosperar la moción de censura que el PSOE ha registrado el viernes por la mañana en el Congreso. Pablo Iglesias ya la propuso el mismo jueves y anunció su apoyo a Pedro Sánchez, confirmado por el líder de IU Alberto Garzón. Logre o no los números suficientes para hacer caer al Gobierno, desde luego la iniciativa obliga a Rivera a retratarse, a clarificar si finalmente está dispuesto a tumbar a Rajoy a los pocos días de darle aire hasta 2020. Lo cual explica la maniobra de Ciudadanos, que a los pocos minutos exige elecciones anticipadas o amenaza con apoyar, no la moción de censura socialista, sino una moción instrumental con el objetivo de convocar elecciones. En Ciudadanos saben perfectamente que Rajoy no puede disolver las Cortes mientras esté en trámite una moción de censura, porque así lo precisa el artículo 115 de la Constitución (lo cual explica que el PSOE registrara la moción con urgencia, incluso antes de reunirse su Ejecutiva). Vamos, que no se presta Rivera a facilitar la menor ventaja a Sánchez ni tampoco a sacar de inmediato al PP de la Moncloa, sino que simplemente intenta (está en su derecho) aprovechar al máximo la extrema debilidad del PP para seguir barriendo a su favor en las próximas citas electorales.

¿Y Rajoy qué opina de esto, como diría el abuelo de aquel exitoso spot? Pues ni se inmuta. Una vez más, recurre al discurso del miedo acusando a Pedro Sánchez (socio principal en la respuesta al independentismo) de actuar "contra la estabilidad de España y contra el interés de los españoles". Con la simplicidad que caracteriza sus (eficaces hasta ahora) discursos, Rajoy ha situado la iniciativa del PSOE entre la aprobación de los Presupuestos y un 155 en vigor, para responsabilizar Sánchez de pretender gobernar "con cualquiera" y "a cualquier precio". Como si él no hubiera pactado con el PNV a cualquier precio, incluyendo subidas de pensiones que hace sólo mes y medio eran "imposibles e inviables". Vamos, que Rajoy no da un paso atrás, ni siquiera a un lado, y mantiene su intención de agotar la legislatura. En estos tiempos en que cada "noticia-bomba" queda fagocitada por la siguiente, en pocas horas los focos ya se han trasladado al PSOE, a Ciudadanos o al PNV, en lugar de mantenerse en una sentencia que dibuja un agujero negro de la democracia española.


P.D. Además de compartir Presupuestos y pactos anticorrupción, Rajoy y Rivera también comparten un ojo de lince para elegir tesoreros y defenderlos. Si no fuera por la sentencia de la Gürtel, este artículo se habría centrado en los datos desveladosen infoLibre por Joana Oliveira y Manuel Rico sobre Carlos Cuadrado, responsable de las finanzas de Ciudadanos y empresario que parece tener la muy española y poco patriótica costumbre de mentir. Afronta varios procesos judiciales por sus negocios en Brasil, y sobre su existencia faltó a la verdad en sede parlamentaria, lo cual es un delito. Tiene toda la razón el PP al trasladar a la justicia los datos que hemos publicado y al reclamar que actúe la Fiscalía. ¿Qué dice Albert Rivera? Que se trata de una cuestión “privada” de su tesorero y un caso “resuelto en términos políticos”. Vamos, que sólo ve “españoles”. (Seguiremos informando).