lunes, 25 de marzo de 2019

Alberto Rodríguez (Podemos) llama a "llenar las urnas de esperanza, de ilusión y de derechos"

El candidato de Podemos por Tenerife, Alberto Rodríguez, ha llamado a "llenar las urnas de esperanza, de ilusión y de derechos" y ha apelado a evitar la abstención en las próximas elecciones que "están en los barrios y en los pueblos".



Además, ha destacado que "si el país de las mareas de pensionistas, del 8M, los conflictos laborales, que milita y se levanta temprano a trabajar, va a las urnas, el futuro que nos espera es mucho mejor". Ha destacado que la sociedad lo que quiere es un gobierno que garantice "seguridad, certeza, tranquilidad" y que "nos cuide y proteja cuando más lo necesitamos".

"Este país se puede construir, ya está ahí, hay que mejorarlo, pero hay gente que quiere cargárselo", ha advertido. Ante eso, ha dicho, hay dos caminos. Por un lado, "organizarse y luchar codo con codo, porque las soluciones a los problemas colectivos solo pueden ser colectivas". "La otra es votar, porque los que votan deciden qué es lo que se pone en el BOE". Así las cosas, Alberto Rodríguez ha llamado a decir que "hay alternativa" y ha manifestado estar "harto del cuento de que estamos acabados". "Si estuviéramos realmente acabados no les haría falta atacarnos" ni "silenciarnos", ha subrayado.

"Ni desanimo ni miedo", ha expresado Rodríguez que ha resaltado que "el futuro que viene es precioso, es perfecto, y para conseguirlo necesitamos fajarnos, perder el miedo, los complejos y entrar en todos los charcos". Ha apelado a "poner las cosas en positivo, dejar de estar a la defensiva y perder los complejos". En este sentido, ha destacado que el grupo de Unidos Podemos en el Congreso ha sido el que "más iniciativas presentó" y "el único grupo que ha presentado leyes para cumplir lo que dice en su programa electoral". En este sentido, ha asegurado que el aumento del Salario Mínimo Interprofesional a 900 euros "hubiera sido imposible sin Unidos Podemos".

"El camino es luchar, organizarse y votar" algo que "va a influir absolutamente en todo", ha insistido el candidato de Podemos que ha remarcado que del voto "va a depender el trabajo que van a tener, si la gente joven se va a poder independizar por el precio del alquiler, si vas a poder cuidar a tu padre y tu madre cuando seas mayor, si vas a poder llevar a tu hijo a una escuela pública o que "los raperos puedan expresarse libremente y los asquerosos de la 'Manada' estén en la cárcel".

"Han pasado tres años", ha recordado para destacar que "hemos aprendido mucho, tenemos alguna cicatrices, pero las ganas y la ilusión no tienen ni punto de comparación" porque "sabemos que si tenemos la fuerza suficiente en las instituciones podemos cambiar la vida de la gente", ha concluido.

"Pablo Iglesias tiene razón: los medios de comunicación no son libres" (Raúl Ruíz)

"En los últimos años hemos visto con nuestros ojos operaciones de quitar y poner gobiernos, hormonar partidos para frenar la indignación, diabolizar a un partido como Podemos que señala con el dedo los privilegios de los poderosos"

 
 Hace unos tres años, recuerdo una tarde que fui a un curso en la sede de la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS). Justo esos días había una polémica en los mentideros políticos y periodísticos andaluces. El informativo nocturno de Canal Sur Radio no había emitido una pieza de una intervención de la portavoz parlamentaria de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, durante la sesión de control al Gobierno, que entonces presidía Susana Díaz. Habían emitido todas las intervenciones del resto de grupos parlamentarios, pero justo a la hora de la emisión había desaparecido la de la líder de la formación morada, aunque la pieza fue enviada a edición por el redactor de turno.

Aquella tarde había por la sede de la APS una periodista que entonces contaba con los parabienes de la dirección de la RTVA y que ahora ha caído en desgracia. La muy imparcial e independiente compañera puso en duda lo ocurrido, defendía vehemente la profesionalidad de su empresa y culpaba a Podemos de estar en contra de la libertad de prensa con las palabras grandilocuentes que se usan a diario por parte de una profesión corporativista como pocas y en la que si tratas de salirte del redil  y te niegas a olvidar de dónde vienes y para qué estás ahí siempre te acabas sintiendo forastero de un oficio que tiene sus tardes más gloriosas cuando los políticos y empresarios le entregan premios o cuando el oficio da premios a políticos y empresarios, en galas de etiqueta donde se esconde la precariedad y mediocridad galopantes que sufre el sector.

Aquella conversación, en la que la periodista ‘pata negra’ llegó al insulto para justificar la censura recurrente de la que ha sido objeto Podemos en Canal Sur y que ha terminado en algún caso en el Defensor del Pueblo Andaluz, a mí se me quedó grabada y salí de allí prometiéndome alejarme lo máximo posible de esos círculos que se forman en la profesión donde gente que cobra 1.500 o 2.000 euros, en el mejor de los casos, hablan con la soberbia de quienes se piensan que van a heredar la empresa en la que trabajan.

Esa lejanía implica que cuando uno acude al Parlamento andaluz siente bochorno de los corrillos babosos que se montan alrededor del poder político, de los políticos que mandan de verdad, los que han estado escribiendo el BOJA durante 37 años en Andalucía. Uno siente vergüenza ajena de ver correr a periodistas estupendos a babosearle al mandamás de turno, de firmar publireportajes a cambio de publicidad institucional o de pasar de un gabinete gubernamental directo a una redacción que se nutre de la publicidad de la institución que acaba de abandonar.

Recuerdo también el silencio en la profesión cuando a una mujer que había sido desahuciada le arrancaron de sus manos un papel en un programa matinal de Canal Sur en el que pedía que no se le cortara el agua a las personas sin recursos. Recuerdo también los ocho millones de euros que la Junta de Andalucía regaló al mayor grupo de comunicación privado andaluz a cambio de tratar a Susana Díaz con guante de seda.

Memorable son también las loas que se dedicaron a Susana Díaz en la batalla contra Pedro Sánchez o aquel día en el que IU fue expulsada del Gobierno andaluz, tras realojar a 130 familias desahuciadas de la Corrala Utopía con un mandato de los tribunales, y en los medios de comunicación públicos y privados andaluces se comunicó al dedillo el argumentario transmitido en primera persona por el Gobierno de Susana Díaz, cuyo Ejecutivo levantó los teléfonos para poner orden en las redacciones y vetar la aparición de Elena Cortés, la consejera de Vivienda que era de IU.

Conozco también cómo el ya extinto decano de la prensa andaluza, ‘El Correo de Andalucía’, fue usado y comprado por un gran empresario de la construcción, Alfonso Gallardo, que lo usó para ganarse los favores del poder político y defender una refinería contaminante que atravesaría con tubos desde el Puerto de Huelva hasta la comarca extremeña de Villafranca de los Barros.

Este empresario, en connivencia con los Gobiernos extremeño y andaluz de Rodríguez Ibarra y Manuel Chaves, donde tenía a un sobrino carnal al frente del PSOE de Badajoz y a la mujer de éste como delegada del Gobierno de España en Extremadura, fue el que asestó el principal golpe que ha acabado con la vida de un periódico con más de 100 años y con 50 personas en la calle. El director de este periódico durante esta etapa negra, Juan Carlos Blanco, años más tarde pasó a ser portavoz del Gobierno de la Junta de Andalucía con Susana Díaz de presidenta.

En quinto de Periodismo hay una asignatura, llamada Estructura de los Medios de Comunicación que es anual y una de las más complejas de toda la carrera, donde se estudia las vinculaciones directas entre el poder político, empresarial y los medios de comunicación. En el sistema capitalista no hay medios de comunicación libres porque la libertad de lo que se publica es la del dueño del medio que, actualmente y sin excepción, son los bancos, las energías eléctricas y fondos de inversión que tienen en las radios, televisiones y periódicos sus nuevos ejércitos con los que derriban gobiernos desobedientes y atemorizan a la oblación para que voten a favor de los intereses de quienes ostentan el poder económico.

Sin embargo, hay un ejército de periodistas estupendos, que en el fondo dan mucha pena, que sólo defienden la libertad de prensa cuando quien cuestiona la propiedad de los medios es Pablo Iglesias, que tiene votos pero no tiene poder. Les sale el azote corporativista y ridículo como si ellos, que en el mejor de los casos ganan 2.000 euros y a veces menos de 1.000, fueran a heredar el emporio de la comunicación donde trabajan a la espera del próximo ERE.

La compañera que aquella tarde andaba indignada, por la denuncia de Teresa Rodríguez a la censura sufrida, nunca jamás ha salido a defender el pluralismo informativo en una empresa como Canal Sur donde la información de partido se ha confundido en demasiadas ocasiones con información libre y veraz y en la que el PSOE tenía línea directa con los editores para vetar, acortar o eliminar a última hora una pieza o dirigir los enfoques.

Si hay manipulación en Canal Sur, que es un medio público, imagina en un medio privado, donde, por ejemplo, El Corte Inglés nunca aparece con noticias negativas porque compra el mercado publicitario del que se nutre la prensa escrita y digital. Los periodistas estupendos son muy valientes para defenderse de gente sin poder, como es el caso de Podemos, pero jamás los oirás señalar con el dedo a La Caixa, Banco Sabadell, Banco Santander, Endesa, Ferrovial o tantas y tantas empresas que participan en el negocio del control de la opinión pública.

No hay mayor defensa de la libertad de prensa y del derecho a la información que señalar que los medios de comunicación en España tienen intereses espurios que no son la información y que su principal objetivo es la venta de miedo, emociones primarias y una agenda política de acuerdo a los intereses de sus dueños. Si queremos ser un país democrático tenemos que plantearnos la desconcentración de la propiedad de los medios de comunicación españoles, donde dos emporios controlan casi el total de los canales, periódicos y televisiones por donde se informa la ciudadanía.

Y a eso lo llaman pluralismo informativo, aunque la línea editorial sea idéntica en todos los medios. No es Pablo Iglesias quien ataca a la prensa por cuestionar las vinculaciones políticas, empresariales y económicas, sino esos periodistas estupendos que en privado admiten que en España los periodistas no somos libres pero que en cuanto tienen oportunidad en público salen a defender a unas empresas que han convertido la información en un fango y que no tardarán mucho en meterlos en un ERE cuando el próximo banco que compre acciones diga que necesita reducir costes.

Pablo Iglesias tiene razón. Los medios de comunicación en España no son libres, porque funcionan al dictado de sus dueños. Esta realidad hace unos años podríamos haberla obviado y hasta haber confundido a la gente, pero, con el perdón de Ana Pastor, en este país en los últimos años hemos visto con nuestros ojos operaciones de quitar y poner gobiernos, hormonar partidos para frenar la indignación, diabolizar a un partido como Podemos que señala con el dedo los privilegios de los poderosos y de derribar a Pedro Sánchez para que siguiera gobernando el partido más corrupto de Europa con el apoyo de los diputados socialistas comandados por Susana Díaz. Mire usted, Ana Pastor, un poquito de por favor.

domingo, 24 de marzo de 2019

La invisibilización de Unidas Podemos (Alberto Vila)

Parece ser que la consigna, tanto en los grupos privados, como era previsible, como en Radio Televisión Española, es minimizar o hacer invisible la actuación política de Unidas Podemos. Inclusive las instrucciones recomiendan centrarse en las interpretaciones negativas de todos los acontecimientos que se relacionen con, como se atrevió a calificarlos Susana Griso, “podemitas”

Otras ilustres figuras del mundo mediático, vaya a saber uno por qué extrañas alquimias ha terminado en esas funciones, directamente los califican de “comunistas”. Extraña y preconstitucional forma de dividir España en Rojos y Nacionales. Las típicas denostaciones franquistas relativas al contubernio mientras llenaban cunetas.
La Presidenta del Ente Público, Rosa María Mateo, debió reconocer en el parlamento que la atención que se le prestó a esta formación fue significativamente inferior al del resto de formaciones. Tal como ocurre en las cadenas privadas, que son instrumento de los grupos financieros y empresariales que controlan los presupuestos de España. Estos medios preconizaron la Gran Alianza PP-Cs-PSOE. Estos medios han perdido porcentajes de negocio en estos meses del gobierno de Pedro Sánchez con el apoyo de Unidas Podemos.
Lo cierto es que Unidas Podemos, sin haberse movilizado aún, tiene el 15% de la intención de voto, casi empatado con Ciudadanos y el PP. Parece llamativo que, con toda la acción psicológica negativa que le están echando, esté en esos niveles. Todos los días coordinadamente se emiten conclusiones acerca de la desaparición de la formación dirigida por Pablo Iglesias. Incluso, desde sus entrañas, el grupo de derrotados liderados por Errejón, sin la voluntad de los militantes, ha creado otra formación a medida de los objetivos de los socialistas de la Tercera Vía y de los grupos económicos que los respaldan. El respaldo mediático de Ana Rosa, Susana Griso y el equipo de Antonio Ferreras así lo atestiguan. Esto no ha recibido un apoyo significativo de las bases. Será entonces que, sin querer, todos le están haciendo la campaña a Unidas Podemos. Un “Efecto Streisand”.
Es un término común en el mundo de las Redes Sociales para referirse a casos en donde al intentar ocultar o censurar cierta información como imágenes, twees, fotos o videos, o la imagen completa de una organización, entre otros, que se haya publicado o este circulando se termina teniendo mayor exposición de la que habría tenido si no se hubiese tocado el tema. Este fenómeno lleva el nombre de la actriz Barbra Streisand como consecuencia de una demanda por US$ 50.000 que Streisand realizó contra el fotógrafo Kenneth Adams y el sitio Pictopia.com en 2003 por violar la privacidad. Este último se encontraba tomando fotos sobre la erosión costera en California, sacando una fotografía área de la casa de la actriz. La foto se encontraba en el sitio del fotógrafo y había sido descargada sólo 6 veces. Luego del revuelo mediático que generó la demanda la fotografía terminó transformándose en una imagen viral.

Pablo Iglesias, migas de pastor contra muffins (Pedro Vallín)

Es insólito oír “hemos dado vergüenza ajena” en un país donde la autocrítica política no pasa de “no nos hemos explicado bien”

El Pablo Iglesias que regresó el sábado no llevaba fuera tres meses. Acaso dos años, aunque también sería ajustado decir que no lo habíamos visto antes. Entre 2016 y 2019, el líder de Podemos se aplicó en suavizar sus formas ante los medios, pero sobre todo empleó la legislatura en un aprendizaje político fuera del foco, fajándose en negociaciones, llamadas, alianzas, esa hiperactividad parlanchina y discreta para conciliar intereses –llamémoslo rubalcabismo– que le permitió firmar unos presupuestos con Pedro Sánchez después de lograr lo impensable, sacar a Mariano Rajoy de la Moncloa y de la política. Quizá su operación política más refinada, con el hábil concurso de la entonces líder del PDECat, Marta Pascal, y el involuntario empujón del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, al que Iglesias preparó un anzuelo que acabó por decantar el voto del PNV.
El líder de Podemos que reapareció ayer no jugó con esos avales ni empleó su paternidad para acercarse a una solemnidad presidenciable. Y ni siquiera presentó un ajuste en su imagen pública, marcada por una desesperante dislexia con las tallas de la ropa y la combinación cromática. Nada de eso. Fue más bien lo contrario. Tiró de uno de los atributos más evidentes en el profesor vallecano y a la vez más infrecuentes en la política española: el arrojo. Esa audacia que, rayana en la insensatez, también es su principal defecto político, pues lo ha llevado a jugarse el proyecto Podemos a cara o cruz en más de una ocasión.

Fue impúdico más que valiente el modo en el que expresó la autocrítica hacia lo que ha ocurrido con su proyecto político. España es un país donde la única autocrítica política que hemos conocido en 40 años es “quizá no hemos sabido comunicar nuestra acción política” –frase que repiten políticos de todo signo cada vez que el votante los reconviene con una derrota electoral–, es decir, que la culpa no es suya sino de ustedes, que no los han entendido.
Por eso es tan inaudito ver a un político, a voz en cuello, repetir “hemos dado vergüenza ajena” por las luchas intestinas. Mucho menos, atribuir esas pugnas, no a diferencias políticas o estratégicas, sino a “peleas por sillones y cargos”. Pedir el voto inmediatamente después de confesar “se me cayó la cara de vergüenza cuando una enfermera que atiende a nuestros hijos me preguntó cómo podía participar del crowdfunding de Podemos” es alto voltaje político. Peligro de electrocución. Insólito por estos lares de remilgos y convenciones. Como contestar, con ufana satisfacción y calculada parquedad, “no” a la pregunta de si antepondría la acción política al cuidado de su familia.
La estructura del discurso que pronunció este sábado en la plaza de Juan Goytisolo de Madrid fue a su vez una radiografía del proyecto y sus resultados políticos, habilidosa en el reparto de responsabilidades: los motivos de orgullo por lo mucho que Podemos ha cambiado en la política española, empezando por dar pasaporte a Rajoy, la atribuyó a la gente, y se quedó para sí todo el oprobio por el kindergarten de Podemos, un festival de vanidades juveniles llevándose el Scattergories cuando no te aceptan pulpo como animal de compañía. “No os conforméis con lo que somos”, espetó a la plaza del Reina Sofía ante la sorpresa de un auditorio que no contaba con asistir a un acto de contrición.
Pero, por sincero que fuera, no fue un abandono visceral ni un exorcismo. No había auto de fe sino una estrategia calculada para delinear una estrategia a la ofensiva. No era el harakiri del samurai sino más bien el Nexus 6 Roy Batty atravesándose la mano con una punta oxidada para que el dolor devuelva una vida que se escapa, la justa para una última batalla. Arrojo para devolver vibración a un electorado y, sobre todo, a un partido en el que el desánimo ha hecho presa tras la sucesión de deserciones de algunos de sus millenial más conocidos y mejor formados, de Íñigo Errejón a Pablo Bustinduy, pasando por Ramón Espinar.
El desmayo de Podemos es mayor en el partido que en las encuestas, en las que, pese al continuo presagio de catástrofe, la formación es extraordinariamente estable aun en su peor hora. A dos puntos del perfumado centroderecha naranja.
La estrategia desafiante (un desnudo frontal más temerario que aquella pose pudibunda de Albert Rivera en su sorprendente y eficaz puesta de largo) se reveló en un uso del lenguaje soez y desinhibido que no se recordaba en Iglesias desde su época de tertuliano. Lo hizo en su discurso ante la plaza, pero, por disipar dudas, volvió a hacerlo repetidamente en la entrevista que tres periodistas de La Sexta le hicieron inmediatamente después: “Mierda”, “acojonante”, “puñetera” fueron expresiones que repitió con cierto solaz ante las cámaras, cómodo y belicoso, quizá porque todos pasaban frío al raso menos él, abrigado con una invernal harrington.
Con Pablo Casado impugnando la fórmula de Pedro Arriola que tantos éxitos dio a Mariano Rajoy –puede resumirse en “no excitar al votante de izquierdas”–, Iglesias sabe que hay movilización en el lado progresista del electorado y apuesta por una campaña muy alejada del sosiego socialdemócrata, marcadamente moderantista, en el que tan cómodamente se ha instalado Pedro Sánchez con su apuesta por una España viable y serena.
Colon, el 8M y los trackings semanales de las encuestas lo subrayan: el furor nacionalcatólico del que ayer escribía José María Lassalle en estas páginas está despertando el voto de izquierdas, de ahí que el PP, sin dejar de competir por la brocha gorda con Vox, haya dictado inmediatamente instrucciones al votante conservador para que concentre el voto.
Un marco de elecciones generales en el que el PSOE ocupa cómodamente el obrador de las magdalenas –que son más bien muffins en el caso de la oferta hipster de Errejón y su equipo– y Podemos ha decidido buscar su espacio en una olla de vigorizantes migas de pastor, bien de tocino, magro y ajo: rudeza briosa y pugnaz del que nada tiene que perder. Lejos de la tibia pero movilizada socialdemocracia, con una oferta neta que persigue emanciparse de los debates baratos y simbólicos: No fue un detallito de atrezo que víctimas del uberliberalismo (taxistas e inquilinos), de la austeridad merkelista (pensionistas y trabajadores) y del amenazante neofranquismo (feministas y jóvenes estudiantes) intervinieran antes que Iglesias. Como tampoco fue casual que quisiera combatir la fatalidad creada por la centrifugación de los aliados reuniendo a sus aliados de IU, PCE, Catalunya y Galicia.
La entrevista posterior al mitin fue igual de elocuente de esa estrategia de dimanita pa’ los pollos, y los periodistas participantes ofrecieron una y otra vez saques vertiginosos y a la vez útiles para quien había apostado por ganar el partido al resto, rompiendo el saque adversario. No estaba preparado para bolas blandas, pero no hubo ninguna.
Ese es el discurso elegido por Iglesias para hinchar las velas de su desvencijado barco, del que han huido en frágiles botes los amotinados. Una épica tardía, crepuscular, de quien sabe que a poco que una ráfaga bonancible permita avanzar al navío, acaso unas millas, Unidas Podemos tiene a tiro sentarse en el Consejo de Ministros. “Estamos más cerca que nunca, por eso vienen a por nosotros”.
En juego está la supervivencia de Podemos, “un partido al que le ha ocurrido todo lo peor que le puede ocurrir a una formación política”, confesaba Iglesias, de ahí esa pulsión de muerte. Pero también depende de su pulso el rumbo de la política española de la próxima década. “Elecciones constituyentes”, por eso, subrayó citando a su candidato por Valencia, el anguitista profesor Héctor Illueca.

Es una incógnita si funcionará, pero el sábado noche ante las cámaras de La Sexta, el espectáculo recordaba a la entrada en la cantina de William Munny, “un conocido ladrón y asesino, un hombre de un carácter notoriamente inmoral y violento”, un pistolero en su peor hora, enfermo, débil y viejo, amparado en la noche y la tormenta, que abría las puertas batientes con el cañón de su rifle y saludaba: “¿Quién es el dueño de esta pocilga?”. Después, el seco estallido de los disparos.

viernes, 22 de marzo de 2019

“El PSE ha podido cerrar antes la estación de transferencia de San Marcos y no ha querido” (Errenteria IrabaziZ)

"Que prácticamente tres años después desde el PSE nos quieran “vender” en tiempo pre-electoral el futuro cierre de la estación de transfarencia no es más que la constatación del fracaso de su gestión tanto en la Mancomunidad como en la Diputación"


Cuales “magos”, los miembros del PSE José Ignacio Asensio y José Ángel Rodríguez nos anuncian que “la puesta en marcha de las instalaciones de Zubieta supondrá el cierre definitivo de la estación de transferencia de San Marcos” . Lo que para ellos es un “logro” no es más que la constatación de que el PSE ha utilizado la ubicación de la estación de transferencia como elemento de presión a favor de la construcción de la incineradora.
Sí hubiese querido la estación de transfarencia podía haber sido trasladada a otro lugar tal como se solicitó en una moción aprobada en el Ayuntamiento el 26 de abril de 2016 que por cierto no fue apoyada por el grupo socialista. La citada moción rechazaba de manera clara y contundente la decisión de la Mancomunidad de San Marcos de aceptar una solicitud del Consorcio de Residuos de Gipuzkoa (GHK) por la cual 27 camiones trailer con semiremolques procedentes de la mancomunidades de Txingudi y Urola Kosta pasan diariamente por Errenteria y exigía el traslado inmediato de la estación de transferencia a otra ubicación. El PSE no apoyó la moción.
Por contra el PSE en la Mancomunidad de San Marcos votaron a favor de la propuesta realizada desde GHK también gestionada por ellos y el PNV. Ellos se lo “guisan” y éllos se “lo comen”. Del cambio de la estación de transferencia ni hablaron. En Errenteria hemos pagado su incapacidad de gestionar el traslado de la estación de transfarencia a otro lugar tal como se ha solicitado desde el Ayuntamiento en numerosas ocasiones.
Que prácticamente tres años después desde el PSE nos quieran “vender” en tiempo pre-electoral el futuro cierre de la estación de transfarencia no es más que la constatación del fracaso de su gestión tanto en la Mancomunidad como en la Diputación. Pedirles a los señores Asensio y Rodríguez que dejen de “vender humo” y asuman un papel más activo en la defensa de los derechos de la ciudadanía de Errenteria.